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My Bio 2 part

Legac, salvo alguna que otra excepción, pinta ante todo la figura femenina. En su viaje a Nueva York con 28 años, entre retratos de la decadente jet-set de la Gran Manzana, empezó a fotografiar modelos y desde entonces no dejó de investigar los misterios y las posibilidades plásticas del cuerpo de la mujer. (“¿Qué diablos es más perfecto y más hermoso que el cuerpo de una mujer…?”, se pregunta el artista)
Las mujeres de Legac son siempre sensuales y cubiertas de un peligro que de alguna manera se relacionan con la iconografía clásica de la mujer fatal. Acentuando el erotismo hasta rozar el soft porn, pinta Venus exageradamente voluptuosas con formas que no duda en deformar y colores que llega a saturar para conseguir su propio ideal de belleza, que no dista mucho del concepto de desnudo clásico. (Me encanta mantener viva la ilusión de que la perfección es posible […], pero esto es un sueño, por supuesto…”)

Sus féminas, desnudas o desnudadas, son a veces casi androides (como Venus electrónicas), o extraños híbridos de su creación (una suerte de sirenas cibernéticas, esfinges digitales, medusas tecnológicas…), fruto de la visión de mujer que él desea. En muchos caso se reconoce en ellas a su musa y esposa, Thea, y en otros apenas deja rastro de humanidad en sus formas, en las que pese a todo, no se pierde ese misterioso atractivo erótico ni su característica y lubricada sensualidad.
Legac no oculta un cierto gusto por el fetichismo en sus desnudos. La lencería es un elemento recurrente en su obra y es ahí donde el artista parece romper con el desnudo clásico, saliendo a la luz esas femmes fa-tales que entroncan directamente con las representa-ciones de Dalila, Salomé y otras diosas vamp. Legac se explica:“Al pintar estos organismos cibernéticos vestidos con un desconocido material futurista ultra-delgado me da la ilusión de ser un diseñador de moda futurista capaz de inventar un traje biológico que protege a la diosa de las agresiones externas”

Corsés, vinilos y cueros corrompen la pureza de los cuerpos femeninos dotándolos de ese atractivo que da la sensación de peligro. Si bien en ciertas obras sus mujeres son pasivas y receptivas, en otras, donde la presencia de la vestimenta acentúa aún más la femininidad de los cuerpos, las figuras se vuelven dominantes y amenazadoras. Unas féminas inalcanzables que el artista/voyeur se encarga de observar y retratar arriesgándose a ser devorado por sus modelos. “Pintar a una mujer es de alguna manera una forma virtual de hacer el amor con ella…”

M uchos podrían comparar la obra de Legac con la del artista suizo H.R. Giger por esa mezcla orgánica de sexo y tecnología, pero en las pinturas del creador francés podemos también ver el influjo del surrealismo (“Mis mejores musas surgen de mis sueños”, declara), del cómic, de la moda, la publicidad y de un sinfín de referencias de todas las épocas y estilos. Una mezcla subjetiva de reinterpretaciones en las que se percibe una enorme variedad estilística y conceptual propia del arte postmoderno y que confirma el coraje de un artista que no tiene miedo a caer incluso en terrenos kitsch si es necesario para expresar su visión.
Estéticamente se puede apreciar también en su obra un colorido hipnótico muy característico que es qui- zás la consecuencia de su descubrimiento de la isla de Ibiza hace más de una década.

MIGUEL CALVO

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