BISEX II
Pintura al óleo original sobre lienzo de 150 x 150 cm | 60 x 60 pulgadas
2007

En esta pieza, el cuerpo femenino emerge como un espectro dorado que deriva a través de un rojo profundo, casi ritualístico. La imagen transita entre lo carnal y lo simbólico, lo sagrado y lo herido; como un relicario moderno donde lo íntimo se convierte en un manifiesto visual. El rojo no es solo color: es piel, es fuego, es latido. Es también una herida abierta, una memoria tatuada, un grito contenido. Fragmentos de figuras, casi desmembradas, se superponen entre sí, sugiriendo una narrativa no lineal donde el deseo, el dolor y el poder femenino están profundamente entrelazados.
Esta estratificación deliberada inquieta la mirada y nos obliga a contemplar el cuerpo no como un objeto, sino como un territorio. Un espacio que ha sido narrado, intervenido, violentado y que, sin embargo, sigue hablando, sigue pulsando. La obra evoca un fresco contemporáneo, rico en simbolismo y sensualidad, donde lo que no se ve —lo que está velado o permanece oculto— tiene tanto peso como lo que se revela. Hay ecos del arte sacro y de antiguos códices, pero también de una protesta silenciosa. Es un tributo visual al cuerpo como archivo, al cuerpo como altar.
DETALLES DE LA OBRA


